No todo es lo que comes, también es muy importante cómo lo comes.

El estado emocional en que ingieres un alimento o sustancia es vital para que el organismo lo acepte o rechace, para que hagas buen uso de él o para que se convierta en un “enemigo”.

Es muy importante en que estado está tu cuerpo a la hora de recibir comida.
Comer rápido, angustiad@ y estresad@, comer con miedo a cómo te va a sentar, ponerle negatividad a un alimento, bloquea tu cuerpo y te hace más propenso a que te siente mal.

Piensa una cosa… si estuvieras en una situación de hambre severa ,y te encontraras un bocadillo de pan blanco refinado con queso de mala calidad, te aseguro que te sentaría de fábula. Tu cuerpo estaría RECEPTIVO y trataría de sacar todo el alimento posible de ese bocadillo medio desnutrido.

¿No te ha pasado irte de viaje, ponerte en estado RECEPTIVO y comer cosas que aquí, en tu día a día, te sientan mal, y en cambio en el viaje observas que las toleras perfectamente?.

La RECEPTIVIDAD es clave en la vida.

No pongas alimentos en tu cuerpo de cualquier manera. Procura, antes de comer cualquier cosa, poner conciencia a cómo estás. Alinea lo que necesites alinear y después come.

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