Ayer caminando pasé por estos trigales ¿cómo algo tan hermoso como las espigas de trigo puede afectarnos negativamente tanto a nuestra salud?.

El trigo y el gluten, en general, son altos en gliadina. Su consumo puede erosionar la vellosidad intestinal.

Estas vellosidades contienen en su superficie unas enzimas digestivas llamadas “disacaridasa” que ayudan en la digestión de cereales y granos, azúcares y lácteos.

Si estas vellosidades están irritadas, inflamadas o erosionadas por la gliadina, las disacaridasa también se verán afectadas, con lo cual la digestión de estos alimentos no se llevará a cabo correctamente.

El resultado será la producción de fermentación y la formación de sustancias irritantes para la pared intestinal pudiendo causar síntomas como diarrea, heces pastosas, gases, hinchazón, malestar en general… y desequilibrios como parasitosis, síndrome del intestino irritable, candidiasis, permeabilidad intestinal...

No tienes que ser celíac@ ni intolerante al gluten para sufrir sus efectos. Un intestino sano puede verse afectado por su consumo diario o excesivo y con los años desarrollar intolerancia al gluten, azúcares y lácteos.

Procura disminuir la ingesta de trigo, avena, espelta, kamut, cebada, centeno y bebidas y comidas que los contengan como la cerveza, cuscús, cereales de desayuno, pan, pasta, fideos, rebozados, canelones, empanadillas….

En el caso de que ya tengas el intestino dañado, eliminando completamente los cereales (con y sin gluten) durante un mínimo de 6 meses puede reparar las vellosidades completamente y que vuelvas a recuperar tu salud intestinal.