El sistema nervioso trabaja en equipo con el sistema inmunitario.

Cuando el organismo siente que hay un peligro o estrés (físico o emocional) pone en marcha el sistema inmunitario, porque ante un peligro existe la posibilidad de herida o lesión. Este sistema es el encargado de asistir la herida para que no haya una hemorragia mortal, ni se infecte.

Así cada vez que nos sometemos a estrés estamos activando nuestro sistema inmunitario como medida de protección. Si el estrés es crónico, el sistema inmunitario acabará agotándose. Esto te puede producir cansancio, gripes o catarros recurrentes, cistitis continuas, candidiasis, parasitosis, herpes…

Sé consciente de esto antes de dejarte llevar por la preocupación, prisas, malos rollos, negatividad, competitividad extrema, falta de tiempo… piensa en tu maravilloso sistema inmunitario… él también necesita descansar y reponerse, y lo hace a través de tu tranquilidad y tus buenos hábitos físicos y mentales.