Los terapeutas nos hemos acostumbrado a hablar y a escribir respaldados por estudios científicos, como si la ciencia al corroborar lo dicho, lo hiciera más verídico.

Hemos llegado a un punto tal de desconexión con la vida y con nosotros mismos, y a un punto tan mental en nuestra manera de vivir, que para reconocernos necesitamos que la ciencia nos lo muestre y confirme.

Está genial que queramos entender las cosas: es una sensación increíble aprender y entender. Es maravilloso que utilicemos la observación, experimentación y razonamiento para llegar a conclusiones y para avanzar y evolucionar, pero no podemos limitarnos a la ciencia.

Tenemos un instinto como animales que somos, un saber innato de cómo sobrevivir y vivir, que necesitamos recuperar a través de nuestra inteligencia corporal.

El instinto es el que nos dirige y la mente la que quiere entender esa dirección. No podemos cambiar el orden. No podemos esperar hasta que la ciencia nos demuestre lo que nos va bien o mal para estar sanos.

Me aburren mucho las mentes que exigen demostración cientifica para que algo tenga peso y fundamento. Somos mucho más grandes, más instintivos, más sabios, más increíbles como para limitarnos a la ciencia… necesitamos rescatar nuestra salud a través de nuestro animal, y no solo a través de nuestro intelecto.

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